Un plan deliberado de endeudamiento
Por José VitarLos psicópatas, que carecen de sentimientos de culpa y arrepentimiento, depositan en los demás la responsabilidad por sus propios actos. Macri hace lo mismo. Es quien maneja la política monetaria y cambiaria y ejerce el poder de policía financiero, pero le echa la culpa a Alberto Fernández y a la gente que votó a éste, por la suba del dólar. ¿Hay alguna duda que este Gobierno consumó un plan deliberado de endeudamiento, puesto en marcha apenas asumido, y que ello provocó la pesadilla económica que estamos viviendo?
La señal de largada de la frenética carrera por contraer deuda, aún en las peores condiciones (ahí está el bono a 100 años, como en tiempos de la Baring Brothers) fue el pago sin chistar a los fondos buitres.
En los dos primeros años de Macri, Argentina fue el país que más se endeudó en el mundo: “nuestra” deuda pública creció en 130 mil millones de dólares. El jolgorio duró hasta que en 2018 los “mercados” olfatearon que nos encaminábamos a la cesación de pagos y el dólar se disparó de 18 pesos, en mayo, a 40 pesos a fines de ese año, sumando su secuela de inflación, la caída del salario y del consumo.
El segundo acto de la obra fue la llegada “salvadora” del FMI en junio de 2018, otorgándonos el mayor préstamo de su historia, pero insuficiente para calmar a los mercados. Ello obligó, en setiembre, al Tío Sam a utilizar los “convincentes” métodos de Trump para forzar al organismo a reformular el préstamo.
Se adaptó, entonces, el cronograma de desembolsos al proceso electoral, concentrando en 2019 el ingreso de divisas y elevando el monto de 50.000 a 57.000 millones de dólares, contrariando la opinión de muchos directores. Por una decisión política, el Fondo concentró en un solo deudor, con claros síntomas de insolvencia, el 60% de su cartera crediticia, violando su propia normativa.
Se ha dicho, con humor, que el FMI es el sponsor de la campaña de Cambiemos, oxigenando con divisas al moribundo gobierno de Macri para que llegara lo mejor posible a las elecciones e intentar su reelección. Nada de esa plata del FMI quedó en el país: ni obras públicas, ni programas sociales, ni inversiones productivas… Sólo los grupos económicos amigos del Presidente se beneficiaron, usando el stand by para fugar divisas y dejándonos a los argentinos la pesada carga de esa deuda, verdadera soga al cuello del próximo gobierno. Éste deberá afrontar vencimientos en moneda extranjera por 140 mil millones de dólares entre 2020 y 2023.
Esa felonía, silenciada y protegida por los medios dominantes, fue masivamente repudiada en las PASO, sellando con un aluvión de votos el repudio a este gobierno.
Macri agravó la crisis al despotricar contra el voto popular, en lugar de poner paños fríos y felicitar al ganador, como exige la vida democrática.
Esta actitud irracional, contrasta con la prudencia y responsabilidad con que el Frente de Todos intenta actuar en la transición para lograr el clima de paz social que permita la reconstrucción de la Patria.
Mientras Macri hacía sus escenitas histéricas, desembarcó la misión del FMI. Ésta vino a explorar si el futuro gobierno de Fernández mantendrá las condiciones y orientación económica comprometidas por el actual presidente, lo que obligó a Alberto a aclarar que él no cogobierna y que exigirá renegociación del acuerdo realizado por cuanto el FMI es corresponsable del desastre económico que afecta a la Argentina.
Hasta el día miércoles 28 de agosto de 2019, la atención estaba puesta en si el Fondo autorizaba los 5.400 millones de dólares comprometidos para el 15 de septiembre, este monto ahora esta subordinado al informe que una misión técnica, por llegar, elevará al directorio. Una decisión política decidirá el desembolso, que, de todos modos, si se aprobara, recién ingresará a mediados de octubre, prolongando una peligrosa volatilidad que agravará más el problema para el próximo gobierno.
El “reperfilamiento” anunciado ese día por el ministro de economía Lacunza aceleró la desestructuración y de nuevo provocó alza en el dólar, caída de la bolsa, y explosión del riesgo país. La confesión oficial de que enfrentan un problema de solvencia que complica el pago de capital y/o intereses pactados, tiró definitivamente del mantel. Si algún daño le faltaba hacer al gobierno de Macri, era éste: entregar el gobierno con el país en estado de default.
Ahora el FMI tiene la pelota en sus pies. La decisión que tome con relación al desembolso de los 5.400 millones de dólares será la variable que defina la ecuación.
José Alberto Vitar
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https://www.cafeprensa.com.ar/vitar-el-resultado-de-las-paso-es-irreversible/?fbclid=IwAR3myKNtYhA1Ui-Uf4F_1gEQITosbKyzDfjPZqSNg8QzLgKAJQ6X_pk2xQk
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¿YA NADIE CREE EN NADIE? Una aproximación al héroe colectivo
Por Alejandro Gil
"Siempre me fascinó la idea del Robinson Crusoe. Me lo regalaron siendo muy chico, debo haberlo leído más de veinte veces. El Eternauta, inicialmente, fue mi versión del Robinson. La soledad del hombre, rodeado, preso, no ya por el mar sino por la muerte. Tampoco el hombre solo de Robinson, sino el hombre con familia, con amigos. Por eso la partida de truco, por eso la pequeña familia que duerme en el chalet de Vicente López, ajena a la invasión que se viene. Ése fue el planteo... Lo demás... lo demás creció solo, como crece sola, creemos, la vida de cada día. Publicado en un semanario, El Eternauta se fue construyendo semana a semana. Había sí una idea general, pero la realidad concreta de cada entrega la modificaba constantemente. Aparecieron así situaciones y personajes que ni soñé al principio. Como el “Mano” y su muerte. O como el combate en River Plate. O como Franco, el tornero, que termina siendo más héroe que ninguno de los que iniciaron la historia. Ahora que lo pienso, se me ocurre que quizás por esta falta de héroe central, El Eternauta es una de mis historias que recuerdo con más placer. El héroe verdadero de El Eternauta es un héroe colectivo, un grupo humano. Refleja así, aunque sin intención previa, mi sentir íntimo: el único héroe válido es el héroe “en grupo”, nunca el héroe individual, el héroe solo."
Héctor Germán Oesterheld , prólogo de El Eternauta
Héctor Germán Oesterheld , prólogo de El Eternauta
En estos tiempos de agobio y angustia colectiva, donde la desesperanza crece y nos carcome el cuerpo, el espíritu, la voluntad y el accionar mismo de nuestra inteligencia para sobrevivir, debemos, sin hacernos daño, ausentarnos de nosotros mismos y constituirnos en un ser de muchos, un ser colectivo a pesar de que nos sintamos diferentes a los otros. La negación del otro, el considerarlo distinto y quizá de menor valor en nuestra valoración sobre la visión del mundo, no nos puede llevar a ningún buen lugar, el único buen puerto es donde quepamos todos y vivamos dignamente. No hay lugar, a esta altura de la historia de los pueblos, para el doloroso y mortal individualismo: o somos un todo en armoniosa orquestación, sin ofensores y ofendidos en su materialidad, o somos carne putrefacta para las aves de rapiña que siempre vuelan petulantes por los cielos etéreos de los desiertos y pantanos. No nos equivoquemos. Están muy claras las rivalidades entre sectores distintos pero bien camuflados que nos viven engañando. Los colectivos siempre somos víctimas y materia para alimentar sus calderas de odio y menosprecio: de nosotros forjan sus fortalezas y ni migas dejan caer para saciarnos. Son ellos y nada más que ellos. No hay cabida ni para el más servicial de sus esclavos y aduladores, menos para los ingénuos que esperan pertenecer a ese círculo cerrado y hereditario. La única esperanza, y no es una utopía, es ser un organismo totalizador de nuestras necesidades: ser felices, vivir bien, satisfacer nuestras necesidades, desarrollar nuestras virtudes y compartir un terreno productivo y profundo que nos valorice como seres humanos íntegros. Ese organismo armonioso se llama sociedad y sólo se conforma sana con el respeto y la valoración individual en función de un cuerpo colectivo y sabio.
Alejandro Gil
29 de agosto de 2019



